Preguntas Frecuentes
La respuesta más sencilla es que solo necesitas la intención de hacerlo y disponer del espacio y el tiempo para practicar. El resto son elementos que dependen de tus preferencias, necesidades y posibilidades.
Dependiendo de la práctica puede hacerse acostado boca arriba, de pie, en movimiento, sentado en una silla, o en un cojín o banco de meditación. Para las personas con alguna condición física, puede que necesiten una pequeña almohada para ajustar la columna o el cuello.
Lo único indispensable es realmente regalarnos esos minutos para conectar con el momento presente y ojalá hacerla con una ropa cómoda, para que no tengas molestias. Si eres de los que le da frío meditar, ten a mano una cobija o manta y NO OLVIDES colocar el no molestar, para que las notificaciones o llamadas te interrumpan.
Prácticamente en cualquier sitio y lugar, idealmente mientras formas el hábito, se aconseja que sea preferiblemente en el mismo lugar y la misma hora, para que tu cerebro se acostumbre a esta nueva rutina de autocuidado. Una vez incorporada, puedes darte cuenta que, sin planearlo, encontraras que puedes hacerlo sin problema en todo lugar, incluso lo harás de manera natural y espontánea, notando que poco a poco empiezas a corporizar mindfulness.
Puedes preparar un lugar específico en casa o tu trabajo, donde puedas sentarte para tener tu pausa. Recuerda que los elementos no son básicos, en otras palabras, puedes hacer tu práctica, aunque no dispongas de un cojín, por ejemplo. Son complementos y en la medida de tus posibilidades debes evitar depender de ellos.
Si dispones de un sitio con iluminación natural, es oportuno que te coloques a contra luz, si prefieres hacerlo durante la noche o la madrugada, se recomienda dejar una pequeña luz encendida, para evitar la somnolencia.
Toda práctica es válida y valiosa, la duración de la práctica depende de la experiencia e intenciones del practicante. Practicar 5 minutos es mejor que forzarse a practicar 40, como menciona Javier García Campayo: es mejor quedar con ganas de practicar 5 minutos más, que presionarte por hacerlo un tiempo determinado.
A mayor tiempo de práctica se favorece más ampliamente la neuroplasticidad, es como ir abriendo camino, las horas que trabajes en ello te acercan a los beneficios, pero si no transitas diariamente por el camino, volverá a crecer la maleza, el estrés, la ansiedad.
Lo verdaderamente necesario es la práctica diaria, que caiga como una gota de agua, permitiendo que tu jardín se mantenga siempre atento, consciente, vivo.
Claro también depende de si te decides por un curso o programa en particular, porque según los protocolos u objetivos del curso, así serán los tiempos que puedas ir alcanzando.
Mindfulness funciona para muchas cosas, pero si lo haces con la intención de lograr algo, o alcanzar algo o incluso sentirte de alguna manera en particular, puede que no te sirva de nada y más bien te genere más estrés o ansiedad.
Practicar y ver lo que surge es mucho más recomendable, sin la expectativa de obtener algún resultado o beneficio. Curiosamente al abandonar la necesidad de alcanzar objetivos o metas, nos permite estar más abiertos, a apreciar con mejor claridad aquello en lo que debemos enfocarnos. Lo que favorece la concentración, memoria y disminuyendo la procrastinación y el vagabundeo mental.
Además, crece la autodisciplina, lo que genera una mejor percepción de nosotros mismos y aumenta la gestión de las emociones y los impulsos, lo que impacta positivamente en nuestros vínculos socioafectivos.
Científicamente hablando los estudios revelan un aumento en la capacidad atencional y en procesos memorísticos, así como un aumento de la conciencia corporal.
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